3 formas de cultivar una pasión por la oración

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De todas las palabras que se podrían usar para describir tu ministerio y vida espiritual, la que mejor le definiría es “ La Oración».

La importancia de la oración

Si eres de esos que como yo, piensa que la oración es fundamental en la vida del cristiano. Debes saber que nuestro padre celestial, nos invita a pasar tiempo de calidad con Él.

Reconozco que es un privilegio poder venir delante de aquel que murió en la Cruz del calvario para darnos vida eterna a través de la esparsión de su sangre para redención de la raza humana.

«Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo” (Juan 16:24).

“Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.  Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.” (Flp. 4:6-7)

Puedo decir a ciencia cierta que Dios a quien llama respalda y le dota de su infinita sabiduría.

“Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Stg. 1:5)

Pero, no me gustaría ser un joven que solamente reconoce la oración como una poderosa herramienta; anhelo que ese conocimiento  se impregne en todo mi ser, vida y ministerio.  Ciertamente necesito eso, y creo que tú también. Pero, ¿Cómo podemos cultivar en nosotros y en los ministerios que dirigimos una pasión por la oración? Déjame sugerirte 3 opciones que puedes implementar…

Tres sugerencias:

1- Compártele tu anhelo

Señor, vengo a pedirte que hagas de mí una persona de oración. Ayúdame a aprender a orar, y crea en mí un apetito por la oración. Te necesito, y este ministerio te necesita. Entrena mi corazón y mi mente para buscarte.

Esta es una oración que Dios anhela contestar.

2- Crea un cauce de oración

Nos es fácil adoptar una costumbre de oración, porque creemos que la vida de oración apasionada siempre involucra espontaneidad. Vivimos en una cultura que se adhiere a la auto-disciplina, pero crear cauces de oración en tu vida diaria te da la oportunidad de edificarte continuamente.

Por ejemplo, ¿qué pasaría si en cuanto sonara el despertador, o al menos antes de servirte tu primera taza de té o café, comenzaras rindiendo tu día al Señor? Tal vez mientras pasas frente a la escuela local, puedes orar a Dios que permita que ahí se enseñe la verdad, y que dé sabiduría a los profesores para ese día. Tengo una amigas que usa una aplicación en su teléfono que suena cada dos horas, recordándole orar por los estudiantes de su grupo pequeño y sus sobrinos. A eso le llamo usar la tecnología para glorificar a Dios.

Uno de mis cauces profundos de oración es comenzar un estudio de la Palabra con un tiempo de oración. Esto implica que cuando mis manos abran las Escrituras pido que el Espíritu Santo me dé sabiduría, entendimiento, y me guíe a la verdad.  Necesito Su liderazgo y entendimiento, al tener mi tiempo devocional, preparar mis predicas y lecciones para enseñar.

Hay algo muy poderoso en incorporar la oración en nuestra agenda de cada día. Me recuerda que necesito que Dios obre, pero también alivia la culpa asociada con la falta de oración.  Al final del día, estoy orando por las cosas que son más importantes para mí y he llenado mi día con momentos de búsqueda de Dios.

3- Permite que un “NO SÉ” te motive a orar

Incontables veces durante la semana me enfrento a una situación donde simplemente no tengo toda la información, ni los recursos, ni el tiempo ni la autoridad para hacer algo. Eso no había sido nunca tan evidente para mí, como en este año donde Dios ha intensificado su llamado al ministerio pastoral.  Sencillamente no sé qué hacer, pero nuestro Padre celestial, sí sabe y sé que Él me dará la respuesta correcta sobre si irme o no la facultad de Teología. Es por eso que he decidido permitir que cada vez más y más el “No sé” se convierta en un escenario que me motive a orar.

En 2 Crónicas 20, el Rey Josafat se enfrenta con una gran multitud del ejército edomita que viene a atacar a Judá y a Jerusalén. Su respuesta como líder es invaluable: “…Porque no tenemos fuerza alguna delante de esta gran multitud que viene contra nosotros y no sabemos qué hacer, pero nuestros ojos están vueltos hacia ti.” (2ª. Crónicas 20:2). Todos esperaron allí delante del Señor.  Ellos no sabían qué hacer, pero sus ojos estaban puestos en el Señor.

¿Podría ser ése el clamor de nuestro corazón al enfrentar situaciones que nos causan desasosiego?  ¿Podríamos permitir sencillamente que esa sensación de desamparo nos dirija al único que tiene las respuestas? Un “No sé” significa “Mis ojos están puestos en ti, Señor”. La noticia maravillosa es que de la misma manera que el Rey Josafat recibió la ayuda que necesitaba, así también obrará Dios con nosotros si pedimos su ayuda.

Convertirte en una persona de oración y deja que el espíritu santo desarrolle en ti esa pasión por orar. Podemos confiar en que un corazón que busca al Señor será encendido por el Espíritu Santo. Pequeños cauces y la motivación a la oración ayudan a dirigir nuestros corazones hacia patrones que pueden cambiar el curso de nuestra vida y de nuestros ministerios.

¿Ha llegado el momento de pedirle al Señor que cree en ti pasión por la oración?  ¿Cómo puede ayudarte en tu vida de oración el implementar las ideas mencionadas? ¿Qué otras sugerencias tienes para cultivar una pasión por la oración?

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